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domingo, 29 de mayo de 2011

1. INTRODUCCIÓN. OBJETIVOS. PRINCIPIOS VALÓRICOS. PROGRAMA.

Este curso tiene por objetivo entregar conocimientos que permitan desarrollar
comportamientos, habilidades y competencias para cuidar a las personas
mayores que tienen limitaciones físicas, psíquicas y sociales que les impide
realizar las actividades de la vida diaria por sí solas y satisfacer por sí mismas
todas sus necesidades.
En primer lugar reflexionaremos acerca de los principios valóricos que
deben estar siempre presentes cuando otorgamos cuidados a las
personas mayores: respetar la dignidad y mantener la autonomía de la

persona mayor son los puntos centrales; 
promover calidad de vida y estilos de vida saludable;
conocer las características del envejecimiento
y las enfermedades más prevalentes en las personas mayores
conocer los medicamentos más indicados en personas mayores y pautas de
administración; 
conocer los signos vitales, su importancia y medición,
aplicar cuidados de calidad a personas postradas
conocer los comportamientos más comunes de las personas mayores con demencias
y sus cuidados
reconocer y apreciar el trabajo que hace el cuidador y su autocuidado para evitar el estrés.

Cuidar a las personas mayores, cuando no pueden satisfacer sus
necesidades por sí solas, como levantarse, vestirse, deambular, etc., exige
una gran capacidad humana para respetar la dignidad de ese “otro” a quien
se está cuidando y una gran capacidad para mantener la autonomía de esa
persona mayor.
Pero esta labor profundamente humana de cuidar, representa al mismo tiempo
una gran oportunidad en la vida de quienes la ejercen. Una gran oportunidad
para expresar el cariño, afecto, amor, una oportunidad quizás para sanar
heridas o para reestablecer lazos perdidos.
El cuidar constituye una expresión profundamente humana: vernos reflejados
en el “otro”, es decir, vernos reflejados nosotros mismos, los adultos mayores
del mañana, en la persona mayor que cuidamos hoy.
De esta forma estaremos más cerca de cuidar al “otro” cómo me gustaría que me cuidaran a mí el día de mañana.
La tarea no es fácil. La familia se enfrenta, a veces repentinamente, con un
padre, madre, abuelo o abuela, profundamente deteriorado(a). La familia debe
entonces enfrentarse a una tarea nueva, desconocida y más aun, atemorizante.
Se produce un cambio de roles. Los padres necesitan ser cuidados por sus
hijos. Los hijos se ven sobre demandados, ya que a su vez tienen hijos de
quienes ocuparse.
Esta situación puede ser muy natural, especialmente cuando se dan las
condiciones materiales, como por ejemplo una casa grande y disponibilidad de
tiempo para ocuparse de los padres. Sin embargo, actualmente las condiciones
de las familias no son las más óptimas para ocuparse de los padres: casas
pequeñas, mujeres que pasan gran parte del tiempo en el trabajo, problemas
con los hijos, especialmente adolescentes, por mencionar algunas dificultades.
Esta realidad tensiona a la familia, la que debe hacer ajustes en su organización
para atender a la persona mayor y al mismo tiempo mantener su equilibrio. El
problema más serio se presenta cuando la persona mayor sufre de demencia.
Esta enfermedad, de alta frecuencia a medida que aumenta la edad, llega
incluso a un 50% cuando las personas sobrepasan los 85 años, afectará a
todo el grupo familiar.
Cuando las familias no pueden dar respuesta a las necesidades de su familiar
mayor, se hace necesario ingresarlo a una institución que reemplace a la
familia en los cuidados que como decíamos al inicio, demandan una gran
capacidad de humanismo y de respeto por la dignidad de la persona mayor.
Muchas veces esta acción de institucionalización significa un profundo dolor
para la familia que hubiera deseado cuidar.
ENVEJECIMIENTO:

Los cambios que se producen a medida que envejecemos, hacen de la
persona mayor una persona vulnerable y susceptible de llegar a algún nivel
de dependencia.
Algunas personas mayores por falta o pérdida de capacidad física, psíquica
o intelectual tienen necesidad de asistencia o ayudas importantes para
realizar las actividades básicas de la vida diaria (comer, caminar, asearse, vestirse,
bañarse, ir al baño) y/o instrumentales (usar el teléfono, comprar, preparar
la comida, tareas domésticas, utilizar transporte, tomar sus medicamentos,
administrar dinero, salir a la calle).
Cuando la dependencia es definitiva y se necesita de manera
sistemática cuidados de otra persona, hablamos de Cuidados a
Largo Plazo.

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